Nota: Aunque, he de confesar que Samael Aun Weor no es santo de mi devoción, debo reconocer que este extracto de su autoría me parece sumamente importante, apropiado y contundente para referirnos al tema de Salud y Enfermedad, así que “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”…
Gloria H.

En la Introducción del Tratado de Medicina Oculta y Magia Práctica (enlace para descarga del libro), de Samael Aun Weor (fundador del Movimiento Gnóstico contemporáneo), 9ª Ed. ampliada y corregida, Colombia 1978, cuya primera edición fue en 1952 (hace ya 59 años) se puede leer lo siguiente:


La medicina oficial ha explotado el dolor humano. Cuando el hombre separose de la Naturaleza para aprisionarse en la vida urbana, cayó en manos de las potencias tenebrosas, y aprendió de los magos de las tinieblas la “falsa ciencia”. Fue entonces cuando conoció el dolor. Ahora, toca al hombre regresar al seno de la Naturaleza para recuperar las posiciones perdidas.

Cada elemental de la Naturaleza representa determinados poderes de la bendita Diosa Madre del Mundo, y sólo puede ser realmente mago y médico aquel que sabe manejar los poderes de la Naturaleza encerrados en cada hierba, en cada raíz y en cada árbol.

En su 1ª parte (Introducción a la Medicina Oculta.- Las Facultades de la Medicina), el autor expone:

De nada sirve conocer la química oficial si no se conoce la “química oculta”. De poco serviría conocer la biología exterior si no se conoce la biología interna de los siete cuerpos del hombre. Lo propio ocurriría al conocer solamente la Anatomía “externa”, si se desconoce la Anatomía “interna”. Baldío sería el estudio teórico de la Bacteriología sin un microscopio de laboratorio.

Es absurdo estudiar medicina sin haber desarrollado la clarividencia positiva, que nos permita ver y palpar los siete cuerpos del hombre.

Los medios de diagnosis de la ciencia oficial son insuficientes y, por esta causa, la mayor parte de los pacientes mueren y no se sabe de qué enfermedad.
Más adelante, en Sistema de diagnóstico, dice:

Actualmente existen innumerables sistemas de diagnóstico, que en el fondo no son más que simples lazarillos que guían a los “ciegos” fanáticos de las distintas escuelas médicas a través de complejos y tortuosos caminos de la sintomatología orgánica.

(…) Para diagnosticar exactamente una enfermedad se necesita ser clarividente. Toda enfermedad tiene sus causas en el universo interior del hombre, y para penetrar en ese profundo universo interior se necesita ser clarividente.
(…) El organismo humano ha sido convertido por los señores médicos en una simple “cosa” de experimentación, de ensayo, de prueba. Esta falta de respeto por el cuerpo de nuestros semejantes, radica en el desconocimiento de los vehículos internos.

(…) Es absolutamente imposible ser médico en toda su acepción sin ser clarividente y sin haber estudiado la anatomía, biología y patología de todos los siete cuerpos del ser humano.

(…) Estos cuerpos energéticos internos del hombre son organismos materiales, que el médico tiene que conocer a fondo para diagnosticar las enfermedades sin fallar, sin cometer torpezas.

De nada sirve conocer la química oficial si no se conoce la “química oculta”. De poco serviría conocer la biología exterior si no se conoce la biología interna de los siete cuerpos del hombre. Lo propio ocurriría al conocer solamente la Anatomía “externa”, si se desconoce la Anatomía “interna”. Baldío sería el estudio teórico de la Bacteriología sin un microscopio de laboratorio.
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