Las expresiones de Medicina Alternativa incluyen prácticas que incorporan fundamentos espirituales, metafísicos o religiosos, el yoga, la meditación, tratamientos herbales, métodos y técnicas como la acupuntura, la hipnosis, la homeopatía, el tai-chi, la colorterapia, la aromoterapia, la fangoterapia, la hidroterapia, y muchas más.

Algunos de los consejos de Nostradamus tienen un rasgo común de los diferentes métodos de tratamiento de las enfermedades que hoy llamamos Medicina Tradicional y Medicina Alternativa.

Detengámonos brevemente en algunos de los planteamientos teóricos de la Medicina de Nostradamus que por su interés y valor requieren de especial atención.

La meditación para desintoxicar el alma

En la época de Nostradamus los grandes maestros de la medicina aconsejaban a los pacientes delicados de los nervios, la meditación diaria. Y también se proporcionaban sugerencias para que la práctica resultase eficaz.

No toméis (de improviso las grandes decisiones de vuestra vida, dejadlas madurar en la meditación. Tal es el consejo de un sabio del 1500. Y luego agrega:

“Solo el necio decide en el acto. Quien es sabio no ignora que para las grandes decisiones se requiere una mente y un cuerpo sano. Y la salud del cuerpo y de la mente solo se pueden alcanzar mediante la meditación, que se debe practicar día por medio y por tiempo no siempre igual”.

La mente que vacila (que padece vértigo) indica que en vuestro organismo hay sangre estancada. En ese caso podéis tomar pociones salutíferas de Crataegus oxiacantha (espino albar), pero sobre todo encontrareis un gen bienestar en la meditación, concentrando vuestra mente sobre cualquier cosa que logre ahuyentar las tribulaciones de la vida.

Así como el organismo necesita un “lavado” de tanto en tanto, también vuestra mente precisa una “purificación”. Por lo tanto, durante por lo menos dos o tres días del año dejadlo todo y a todos y retiraos a meditar en un lugar solitario.

Escoged el tiempo de primavera, con Luna creciente. Y durante ese tiempo, dejad a vuestra espalda tanto recuerdos felices como los desdichados. Meditad acerca de las pequeñas realidades de la naturaleza, sobre la vida del hombre, sobre la vida de aquellos que fueron hombres. Abandonad la soberbia del hombre que quiere estar en el centro “del todo”. Y poneos sobre el mismo plano que los pájaros y las flores, el agua y la tierra.

Llamad hermana a la flor y a la golondrina que vuela en el cielo. No os preocupéis por la comida ni por el techo. Retroceded en el tiempo para vivir la vida feliz de los hombres simples. Cuando vuestra mente este limpia, volved al mundo. Pero tratad de no dejaros deslumbrar por esa fábula insustancial que los hombres cuentan para hacer la ilusión de que la vida no tiene fin. La ansiedad es el mal mas insidioso. Y la mejor medicina contra este veneno es la meditación de lo que somos y de lo que seremos.

Purifica tu sangre cada doce lunas

Nostradamus aconseja algunas curas depurativas, pero precisa que “tales curas deben ser precedidas por un ayuno de un día”. Y además: “…durante todo el periodo de la cura se recomienda no comer carnes grasas ni cosas picantes, ni beber vinos demasiado generosos”. En esta receta de la época se sintetiza el tipo de alimentación que se debe adoptar durante el periodo que dure la cura depurativa:

“… que vuestra mesa sea como la de la cuaresma; que vuestro comportamiento sea como del quien retoma de un largo viaje”. Así pues, es preciso ser moderado en el comer y en el beber; y sobre todo, hay que saber dosificar las energías.

Nostradamus dice que la “ortiga es un receptáculo de propiedades medicamentosas y es también una planta de Venus…”

La receta más eficaz y difundida era muy simple:

Un manojo de raíces de ortiga fresca (bien lavadas y cortadas en trozos pequeños).
1 litro de agua
Dejar hervir durante media hora
Beber dos vasitos al día de este cocimiento.

Nostradamus aconseja “la inclusión cotidiana de hojas de berro y también de las raíces pequeñas tanto en las ensaladas como en todo tipo de alimento”.

Dormir mediodía, echar una siesta

Nostradamus aconsejaba a sus pacientes algunas reglas “para que el breve reposo de la siesta pudiera dar buenos resultados para la salud”. Cada uno debe regularse según los requerimientos de su organismo.

Recordad que eso ayuda a la digestión. Y el reposo es el mejor amigo del estómago.

Si por la tarde reposáis en la cama, no os acostéis inmediatamente después de comer; dejad transcurrir por lo menos media hora antes de abandonar la mesa. Durante la siesta no os acurruquéis. El cuerpo debe permanecer estirado, apoyado sobre el dorso o los flancos; de ser posible sobre el flanco derecho, para no comprimir demasiado al corazón.

Que en la habitación donde echáis la siesta haya una tenue penumbra, y no una oscuridad total, que lleve a conciliar un sueño prolongado.

Una vez despierto no te demores entre las cobijas y levántate de inmediato, a fin de que no te atrape la haraganería.

Después del reposo o del sueño del mediodía, especialmente si sientes la cabeza pesada y si la somnolencia te ofusca lentamente, bebe la siguiente tisana:

Menta, una pizca
Salvia officinalis, dos pizcas
Hierba buena

La triada de la armonía

El ambiente que nos rodea ejerce cierto peso, no solo sobre nuestro humor, sino también sobre nuestra salud. “El ambiente -se lee en un tratado de medicina del 1500- puede estar en la base de muchos desequilibrios fisiológicos”. Esta convicción la encontramos también en Nostradamus.

Que tu casa sea un oasis de tranquilidad, de silencio -aconseja Nostradamus. Que los sonidos lleguen ligeros, hasta el punto de ser confundidos con el vuelo de una mariposa.

Penumbra y silencio te facilitarán el reposo y te permitirán recuperar las fuerzas en el tiempo más corto posible.

Recuerda que hay una tríada que te ayuda a mantenerte sano:

El orden, el silencio, el color.

Las dietas de la felicidad

Un viejo proverbio dice: “La dieta mata al médico”… Sin embargo, estaría fuera de lugar considerar las dietas de los tiempos de Nostradamus como se pueden considerar las dietas de nuestros días; sobre todo porque no se fundan sobre el concepto de la caloría sino el tipo de alimento y el acoplamiento de los mismos.

Dejaos regular por el estómago -aconseja Nostradamus-. Cuando de las primeras señales de saciedad dejad de comer, incluso si os parece que el estímulo del hombre no se ha apagado del todo. Recordad que toda persona longeva se ha levantado de la mesa sin haber alcanzado la saciedad. El estimulo del hambre no deteriora el organismo. La digestión, en cambio, acaba por intoxicar y envejecer al hombre antes de tiempo.

Tened presente que los alimentos genuinos, simples, son los más gratos al organismo humano. Los alimentos demasiado elaborados implican un mayor trabajo del estómago y, por lo tanto, son desaconsejables.

Cuando traigan frutas y verduras a vuestra mesa, no os limitéis a preguntar de donde provienen: es mucho más importante saber cuando han sido cosechadas. Todo aquello que nos da la tierra empieza a perder algo de su “vigor” a partir del momento en que se corta el cordón umbilical que lo vincula a ella. Después de algunas semanas el “vigor” es casi nulo. Y el alimento solo le aporta al organismo el esfuerzo de la digestión. He aquí por qué el estómago no puede estar lleno, mientras que la sangre se toma cada vez más débil.

No os aficionéis a las carnes, y sobre todo alejad de vuestra mesa las carnes grasas, las salsas pesadas y picantes. Un trozo de carne fortalece la sangre; máas trozos de carne acaban por provocar la enfermedad.

Sed sobrios en el beber. Uno o dos vasos de vino dan vivacidad a la mesa, pero cuando la cantidad de vino aumenta, siempre aparecen peligros para nuestra salud. El agua es siempre la mejor bebida para los niños y las mujeres embarazadas. No obstante, tened cuidado de beber solamente al principio o al final de la comida.

Durante el trascurso de la misma, será conveniente que los vasos permanezcan casi vacíos.

Recordad que debemos masticar los alimentos antes de tragarlos; la masticación será muy escasa si hablamos todo el tiempo, sobre todo si nos dejamos transportar por el entusiasmo de la discusión.

Una comida ingerida en la serenidad de la mesa doméstica resulta mucho más valiosa para la salud, que los banquetes con grandes señores, príncipes y prelados.

Una píldora levada (el pan), una dracma de sarmientos (el vino) y la jornada de gallina (el huevo) hacen una buena medicina.

No es necesario prescindir de las especies, sino solo limitar su uso. Quien sufre; de inapetencia puede encontrar en las especies y en las hierbas aromáticas buenos aliados para la digestión.

Contra la herrumbre de los músculos

Si no os apetece caminar, no os declaréis vencidos, acabados. Cuando se ha llegado a una cierta edad, es posible limitarse a realizar ciertos movimientos, incluso permaneciendo sentados, para evitar “que la herrumbre se deposite sobre los músculos”.

Este es el contenido de una serie de enseñanzas provenientes de la escuela médica de Montpellier, donde estudió Nostradamus.

Si una enfermedad os obliga a permanecer acostados, moved de tanto en tanto las piernas, los brazos y el cuello. Si os es posible, apoyaos sobre los codos y alzad el busto. Repetid estos movimientos por lo menos diez veces al día.

No permanezcáis largo tiempo sentados, inmóviles. Recordad que la vida sedentaria es la mejor aliada de la sangre estancada. Y esta es la causa principal de la mayor parte de las enfermedades. Sentados levantad una pierna a la vez y dobladla; levantad los brazos y dobladlos; flexionad el busto y girad la cabeza, primero hacia un lado y luego hacia el otro.

No confundáis el reposo con la inercia. El reposo devuelve las energías. La inercia acelera la vejez, y, con la vejez, la herrumbre del músculo.

No dejéis que vuestros sentidos se vuelvan perezosos. Cuando se han pasado los 30 años es preciso realizar un ejercicio cotidiano especialmente de oídos y de vista.

Si una parte del cuerpo esta adolorida, no la mováis. Masajead con mano suave, en un movimiento único hacia el corazón. Siempre se debe hacer fluir la sangre hacia el corazón y nunca desde el corazón hacia la periferia.

Que los movimientos de vuestras piernas y brazos no sean siempre iguales. No obstante, evitad los movimientos bruscos “que pueden envenenar la musculatura”…

Los movimientos deben ser serenos, dulces, pero lo más diferente posible entre si. Y ello porque es preciso mover todos los músculos.

Cuando a vuestras piernas les empiece a resultar difícil sosteneros, no os desforcéis inútilmente antes de recurrir a un bastón.

La vida es movimiento. Su falta produce descalcificación, por eso en aquellas personas que no se mueven sus huesos son propensos a fracturas fácilmente

Sangre de minerales

Nostradamus había intuido que en ciertas sustancias alimentarías vegetales había minerales que reforzaban el organismo y prolongaban la vida. Así obtenía preparados de esencias vegetales que contenían hierro, magnesio, fósforo.

Meted en un mortero, a partes iguales, cebada, cebolla, col, ajo, zanahoria, espinaca.

Machacad hasta obtened una pasta uniforme, guardadla luego en un recipiente de vidrio y tomad una cucharada al día, antes de las comidas, previa disolución en una tacita de agua caliente.

Tomad lechuga y algunas hojas de col. Hervid a fuego lento y recoged el agua en un recipiente, para beber un vaso al día antes de las comidas principales.

Si queréis afrontar la vejez serena, comenzad desde jóvenes a comer diariamente, en primavera, un nabo, una zanahoria, dos hojas de achicoria y media cebolla.

Para demorar la destrucción del organismo humano por parte de la vejez, tomad una zanahoria y un diente de ajo, exprimido hasta obtened su esencia; luego sorbed esta sustancia durante las comidas, durante la cual tenéis cuidado de no ingerir carne de cerdo, que disminuye el efecto de este vegetal.